El partido contra el racismo y la xenofobia se va perdiendo

El lateral brasileño Dani Alves, el futbolista con más títulos en la historia, se prepara para cobrar un tiro de esquina, pero antes de patear, pela y se come el banano que le lanzaron de una tribuna, desde la cual se escuchan gritos que emulan los sonidos de los primates.

Y aunque esta escena ocurrió en 2014 en un partido de la Liga española y que causó indignación por tratarse de uno de los futbolistas más mediáticos del mundo, el tema no para pese a los múltiples esfuerzos que hace la Fifa (Federación Internacional de Fútbol Asociado) por acabar con la discriminación, las barras bravas, el racismo (exacerbación del sentido racial de un grupo étnico que suele motivar la discriminación o persecución de otro u otros con los que convive) y la xenofobia (fobia a los extranjeros, según definiciones de la Real Academia Española).

El pasado fin de semana, cuando se celebraba el llamado derbi (clásico) de la liga ucraniana, varios aficionados del Dinamo de Kiev entonaron cánticos racistas contra el jugador brasileño Taison Barcellos Freda del Shaktar Donetsk y este, molesto, replicó a la agresión siendo expulsado.

Estos casos no son hechos aislados. Más aún, son recurrentes, aprovechados por hinchadas agresivas y sin control que utilizan el color de piel, las facciones e, incluso, la procedencia de los jugadores para desatar su ira.

Cada fin de semana, en cientos de estadios europeos, en ligas y partidos ignotos, los casos de racismo en el fútbol ganan más terreno sin que parezca haber soluciones de fondo.

La razón del recrudecimiento de estas prácticas y otras formas de discriminación en el balompié del Viejo Continente son un fiel reflejo, según Daniel Alberto Zapata, sociólogo y experto en estudios políticos e internacionales de la Universidad del Rosario, de la sociedad en que vivimos.

“El fútbol es una caja de resonancia de la realidad social de un país, en este caso de gran parte de un continente. La crisis migratoria que atraviesa Europa por la llegada masiva de sirios, afganos y africanos, que huyen de guerras, rebasó la capacidad de respuesta de las naciones en materia económica, sanitaria y de seguridad”, explica.

“Europa vive un proceso de cambio demográfico y cultural, y la incertidumbre que generan los cambios ha propiciado discursos de rechazo al foráneo y de supuesta protección a los valores tradicionales, propios de los movimientos de ultraderecha, y esa pugna se ha trasladado al fútbol, uno de los símbolos de identidad más fuertes”.

Las cifras le dan dimensión a la problemática. Desde 2014 ingresaron a Europa, según Acnur –Agencia de la ONU para los Refugiados– 1.960.126 refugiados y migrantes principalmente de Afganistán, Siria y naciones africanas.

Las consecuencias sociales adversas son evidentes. Conforme indica la Agencia Europea de Derechos Fundamentales, en los últimos 5 años un 30% de la población de raza negra en la Unión Europea ha sido víctima de discriminación racial de algún tipo.

El impacto en el balompié

Y el fútbol no es ajeno a este hecho en especial porque es un evento masivo al que acuden aficionados de dos planteles que se enfrentan luchando por puntos, trofeos o campeonatos. Por las costas italianas, por ejemplo, ingresaron 658.000 migrantes desde 2014, por lo cual se entiende que sea este país más propenso a casos de racismo en este deporte. Y, aunque no hay cifras concretas sobre el número de hechos presentados allí a través de los años, sí es el país en el que más jugadores denuncian estas prácticas.

En Francia, cuya Selección fue campeona mundial hace un año, con 13 jugadores de ascendencia africana, reportó la temporada pasada la detención de 86 personas y 22 interrupciones en partidos de Liga por casos de discriminación, cifras que entrega la Dirección Nacional de la Lucha contra el Hooliganismo (término que identifica al hincha británico de comportamiento violento y agresivo, según la RAE).

En Inglaterra, la Organización de Igualdad e Inclusión del Fútbol, Kick It Out, reporta un aumento del 43% en casos de discriminación racial durante la Liga inglesa y del 75% de hechos de islamofobia y antisemitismo.

Esta problemática se agudiza al mismo tiempo que las selecciones de dicho país retoman protagonismo en el plano internacional gracias a la inclusión de futbolistas de origen africano, caribeño y árabe.

Por ejemplo, con el aporte fundamental de seis nigerianos, el combinado inglés sub-17 ganó hace dos años el Mundial, al cual Nigeria, otrora potencia en esta categoría, ni siquiera logró clasificar.

En Francia, el legendario entrenador Guy Roux, quien tiene el récord mundial como el técnico que más tiempo dirigió en un solo equipo (40 años al Auxerre), sentó su voz de protesta en junio de 2017 por los eventos reiterados de discriminación en el balompié de su país. “Todos los muchachos buenos juegan ahora en los suburbios. Si quitamos a los musulmanes de la Liga francesa escasamente tendríamos para armar siete equipos”, dijo. Y son 20 elencos.

Es, quizá, la paradoja más grande que existe en el deporte actual. Mientras el racismo y la xenofobia se enquistan, el fútbol europeo ha consolidado su dominio mundial gracias a la confluencia de jugadores de diversos orígenes.

 

 

 

 

 

https://www.elcolombiano.com/deportes/futbol/el-partido-contra-el-racismo-y-la-xenofobia-se-va-perdiendo-FP11960234

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *