Las voces del cáncer infantil en Santander

El drama que se oculta detrás de un diagnóstico de cáncer concierne no solo al paciente sino también a la familia y su círculo social.

La batalla, más allá de la medicina, requiere de una gran fortaleza emocional y una lucha contra el sistema de salud, en medio de la búsqueda de una atención integral y humana que permita salvar cientos de vidas.

Sus historias de resiliencia y perseverancia, vistas desde los pequeños y sus parientes, son muestra del valor que se forja en las situaciones más difíciles.

La última batalla

Por nueve años, la vida de la familia Sanguino Guevara transcurrió de forma normal. Ángel Gabriel y Sara Sofía fueron los frutos de la unión de Carolina y su esposo Ludwing.

Hace un año, exactamente el 9 de enero, cuando Ángel tenía cinco, un fuerte dolor invadió su espalda y su pierna izquierda. Quince días después ya no podía caminar y convulsionaba mientras dormía. La razón: rabdomiosarcoma embrionario, un tipo de cáncer poco común.

Desde entonces, Ángel no ha parado de luchar contra el “monstruo veloz” como lo llama su mamá.

Pero al momento de ser diagnosticado, el cáncer ya era estadío 4. Tenía tres vértebras fracturadas y había hecho metástasis.

“El doctor me dijo que el tratamiento iba a ser paliativo. No le dieron más de un mes de vida, tenía la médula contaminada al 90%”, señaló la mamá.

Una vez completado el tratamiento, los médicos dejaron que Ángel regresara a casa para estar con su familia.

“Le pedí a Dios que lo dejara salir de la UCI, que volviera a casa y jugará un rato más con Sara. Cuando esto pasó, le pedí un cumpleaños más”.

En agosto, Ángel entró a la Fundación Héroes y Valientes y desde ese momento su vida y la de su familia dejó de centrarse en la enfermedad.

Hacemos actividades, salimos con ellos, pensamos en otras cosas. Entendimos que la vida no para por el cáncer. Es difícil, pero hay opciones de seguir adelante”, explicó Carolina.

Un año después, la batalla continúa. El cáncer no se ha ido, volvió y con más fuerza. “Hemos tenido que pasar por momentos muy duros, pero gracias a eso entendimos que la tarea es hacer feliz a Ángel, sin importar si le queda poco o mucho tiempo de vida”, finalizó Carolina entre lágrimas.

Una oportunidad

A los 20 meses Alejandro Niño fue diagnosticado con leucemia linfoide aguda. Unas ‘bolitas’ detrás de las orejas, fiebre y diarrea alertaron a Leidy García, su mamá.

“Cuando se manifestaban estos síntomas yo salía corriendo para urgencias. Allá me decían que era un virus”, dijo Leidy.

Después de una larga espera, una transfusión de sangre y el resultado de nuevos exámenes, Leidy confirmó que su pequeño hijo tenía cáncer.

 

 

 

 

 

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