La líder demócrata que frenará a Trump

En algún momento, Nancy Pelosi le temió al poder. La demócrata, de 78 años, que ayer asumió la presidencia de la Cámara de Representantes de Estados Unidos y, de facto, se convirtió en la líder de la oposición al presidente republicano Donald Trump, reconoció en una entrevista, que en 1984, cuando recién empezaba su ascenso en una carrera que la ha llevado a marcar la historia de la política de Estados Unidos, pensó en renunciar.

Es difícil imaginar flaqueando a alguien quien, hace unas semanas, interrumpió en la oficina al presidente del país más poderoso del mundo para decirle: “No califiques el nivel de fuerza que traigo”.

Pelosi está acostumbrada a figurar en la historia. En 2002, cuando llegó a la dirigencia de los demócratas y se convirtió en la primera mujer en encabezar un partido en la historia de Estados Unidos, repartió botones que decían: “Hemos esperado más de 200 años por este día”.

Cinco años después los demócratas recuperaron la Cámara de Representantes en el ocaso del gobierno de George Bush, Pelosi volvió a romper precedentes, asumió el cargo de líder en la Cámara y fue fundamental para afrontar la crisis económica de 2008.

Como señala David Castrillón, profesor de relaciones internacionales de la Universidad Externado, Pelosi es sobre todo una estratega. En 2010, logró la aprobación de la ley conocida con Obamacare, que amplió la cobertura de servicios de salud a las personas de menos recursos, sin un solo voto de los republicanos.

Aunque en 2011, Pelosi perdió su puesto tras la derrota de los demócratas en la Cámara de Representantes, Castrillón afirma que nunca dejó de ser una suerte de referente moral del partido. Este rol se acentuó con la llegada a la presidencia de Donald Trump en 2016, impulsado por un discurso contrario a los valores que Pelosi ha dedicado su vida a defender.

La mujer del martillo

La otra forma de nombrar el cargo que ocupa por segunda vez Pelosi es “speaker”. Un nombre muy adecuado para el congresista que determina los temas de discusión en la Cámara, quiénes lideran las comisiones y, con un martillo (literal), llama al orden a la sala del legislativo que, como explica Emilio Viano, docente de ciencias políticas de la Universidad de Washington, controla la chequera con la que trabaja el presidente.

“Cuando el Speaker habla, el pueblo americano escucha”, afirma Castrillón. Y, dadas las investigaciones sobre la injerencia de Rusia en la campaña de Trump en 2016 y sus presuntas evasiones de impuestos, puede que haya mucho que escuchar.

Sin embargo, Pelosi ha descartado la posibilidad de adelantar un proceso de destitución contra Trump. No fue elegida solo por su fuerza, también por la sabiduría de saber cuándo vale la pena luchar.

En 2008, por ejemplo, en medio de la crisis económica, la líder de la Cámara supo pactar con el presidente republicano del momento una estrategia para evitar el colapso.

Es un arte que Pelosi maneja bien. Su padre, Thomas D’Alesandro fue alcalde de la ciudad de Baltimore y su madre, Anunciata D’Alesandro, una organizadora de mítines demócratas. Pelosi presenció, desde el principio, escenas como una charla entre el presidente John F. Kennedy y su padre en la sala de su casa.

De alguna forma, como afirma Castrillón, la demócrata “representa la vieja política. Pero, si no era ella, ¿quién?”. Los nuevos liderazgos demócratas –afrodescendientes, migrantes, homosexuales y musulmanes–, que llegaron al legislativo como respuesta a la arremetida discriminatoria de Trump, aún no logran tomar las riendas del partido.

El principal reto para Pelosi, más que la destitución del presidente, “es demostrar que los demócratas pueden gobernar de cara a las elecciones de 2020”, afirma Viano. Del otro lado, Trump, quien como candidato dijo que “la mejor parte de cualquier película es cuando hacen callar a las mujeres”, tendrá como líder de la oposición a una capaz de mandarlo a callar a él

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